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¿Qué pasa con la mujer cuando llega a la tercera edad?
Debe de enfrentar un doble desafío: cambios a nivel fisiológico y psicológico y por tanto estar dispuesta a madurar de forma saludable, ello significa, cambiar lo que le afecta de forma negativa, física y emocionalmente, así como convertirse en protagonista de su propio bienestar.
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Fernando Martín Malavé en su libro Menopausia (Madrid 2005) señala a Levinson investigador de los cambios de la edad adulta y quien ordena el ciclo vital en:
- Edad pre adulta: desde el nacimiento hasta los 22 años, aproximadamente, termina cuando se asumen responsabilidades y se empieza a ser independiente.
- Edad adulta temprana: desde los 17 hasta los 45 años, durante esta épica se hacen elecciones básicas respecto a trabajo, familia y estilo de vida.
- Edad adulta intermedia: desde los 40 hasta los 75 años, donde se produce la culminación y reconocimiento de lo vivido hasta ahora.
- Edad tardía: entre los 65 y 70 años, dependiendo del final de la vida laboral activa.
- Edad adulta muy tardía: se inicia alrededor de los 80 años.
Cada periodo supone perdidas y ganancias, el desarrollo pude modificarse o transformarse, influyen las experiencias personales cambios físicos y psicológicos, está arraigado en contextos sociales, culturales e históricos……
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Actualmente la expectativa de vida en las mujeres es de más de 70 años. La llamada tercera edad, tiene lugar frecuentemente entre los 45 y 55 años, periodo en que se produce una interacción entre la biología, la cultura y el significado psicológico que impone cada persona en esta etapa de la vida.
Echando una ojeada a nuestro alrededor observamos grandes diferencias, entre mujeres de la misma edad: unas viven como muy mayores y ya están retiradas de todas actividad, otras parecen que han hecho un pacto de eterna juventud: ello habla de la distancia entre la edad cronológica y la edad funcional…… tenemos una edad en el DNI de la que nos vamos alejando con nuestra forma de pensar y actuar, mediando en ello las condiciones del contexto socioeconómico sanitario que alberga a cada mujer.
¿La mujer sigue siendo madre en la tercera edad? En la mujer ser madre es algo connatural, es una conducta de vida cuya característica principal es la donación al otro como acto reverente que da sentido a su existencia y que se expresa en una permanente vocación de servicio desinteresada y amante propia del seno materno. La mujer en la tercera edad tiene una doble vertiente que fluye de su rol cotidiano: es madre y abuela y por tanto educadora y además – en algunos casos- es esposa y cuidadora del cónyuge.
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“La vida es una obra de arte y la vejez es su culminación”
“El tiempo sigue manando sin estancarse, como el agua en el remanso de un río”
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En su devenir es educadora formal porque colabora en la crianza de los nietos con dedicados cuidados; es creadora de historias, relatos para convertirse en compañera de juegos para los nietos en una relación mutua que ambos disfrutan; es progenitora sustituta que asume la responsabilidad de cuidador real cuando ambos padres trabajan fuera del hogar, es receptáculo de sabiduría familiar transmitiendo cultura, vivenciando el pasado; es referente a través de los valores que prodiga en un discurrir solidario; es persona que dispensa sobriedad, estabilidad y afecto permanente en su entorno íntimo y desde allí y por propia proyección cuida y protege a la familia y a la sociedad en su conjunto.
¿Qué les corresponde a los hijos? Sustentar y contener las bases de una buena autoestima que debe tener como función fundamental proteger a la mujer adulta, creando la ilusión de seguridad y confianza en si misma, favorecer la búsqueda de su felicidad: “imposible necesario” (Julian Marias) y el encontrar desde una perspectiva crítica el lado positivo de la vida. |