¿Qué pasa con la mujer cuando llega a la tercera edad?

Es un periodo de la existencia humana que tiene unos límites muy variables y que se encuentran determinados por un complejo entramado de factores biológicos y medio ambientales, de aspectos objetivos y subjetivos. Al decir de Andrea Laura Polacco en el Curso Educación para el envejecimiento 2008, la adaptación de la mujer a los diferentes cambios biológicos, psicológicos y sociales que se producen con la edad, se logra a través del uso de habilidades, experiencias, modo de vida, historización de si misma, de la significación que hace de su persona, de lo vivido, de cómo se valora, de su capacidad de deseo, de la apertura a nuevos vínculos y proyectos y a la adaptación de nuevas situaciones…

Por tanto, la mujer por su experiencia de vida, por el despliegue que significó la maternidad asume esta nueva etapa con todo este bagaje adquirido a lo largo de los años y por ello sigue posesionándose como “protagonista” realizando actividades intelectuales, sociales, familiares, rompiendo de esta manera con el imaginario social que en la vejez se pierden los roles sociales significativos.

Las responsabilidades siendo mayores se convierten en disfrute de donación al reconocer que como mujeres y madres son cuidadoras y protectoras de la familia y por tanto de la sociedad en su conjunto.

La mujer en la tercera edad tiene una doble vertiente que fluye de su rol cotidiano: es madre y abuela y por tanto educadora, además de esposa y cuidadora del cónyuge.

Por la sabiduría que le otorgan los años en esta etapa la mujer cumple con capacidad maestra los papeles de educadora formal, colaborando en la crianza de los nietos con dedicados cuidados, es creadora de historias, relatos para convertirse en compañera de juegos para los nietos en una relación mutua que ambos disfrutan; es progenitora sustituta que asume la responsabilidad de cuidador real, usualmente debido a que ambos progenitores trabajan fuera del hogar y tienen que dejar a los niños a su cuidado; es receptáculo de sabiduría de la familia, porque transmite cultura, vivencia el pasado, proporciona sabiduría humana a través de los valores que prodiga con su conducta solidaria, es la persona que dispensa sobriedad, estabilidad y afecto permanentes e invariables en el entorno familiar.

A los hijos les corresponde actuar como red de contención reconociendo la valía de la mujer madre, abuela