PROGRAMA DE AYUDA A LOS QUE HAN PERDIDO UN SER QUERIDO

La realidad de la pérdida de un ser querido genera un profundo dolor y un momento fuerte en el que se ponen en cuestión los fundamentos de la propia vida. Por diversas razones, en la actualidad son pocas o ausentes las instituciones que brindan algún tipo de ayuda para las personas que enfrentan un proceso de duelo. Por esta razón el Centro de Orientación Familiar de la Universidad Católica San Pablo ha diseñado el programa de ayuda a los que han perdido un ser querido. El programa está constituido por tres grandes sesiones y consultas de atención personalizada para los interesados.

Primera sesión: enfrentando el hecho de la pérdida

En esta sesión mediante el diálogo y el compartir se busca ayudar a las personas a enfrentar el hecho de la pérdida y todas las consecuencias existenciales que ésta tiene para la vida. No hay un caso igual a otro y justamente por ser las personas únicas e irrepetibles no existen recetas de ningún tipo para enfrentar este hecho doloroso. Sin embargo es importante recurrir a algunos elementos de sentido común recogidos por la sabiduría universal, como la gratitud por haber tenido con nosotros a la persona desaparecida, la voluntad de mantener vivo en nosotros lo que ella nos dejó, la solidaridad con otros que sufren lo mismo que nosotros.

Segunda sesión: las etapas y los aspectos psicológicos del duelo

En esta sesión se propone a los participantes la comprensión de las etapas psicológicas por las que, en líneas generales, pasan quienes han sufrido la pérdida de un ser querido. Estas etapas van desde la irrealidad por la que no se acepta la pérdida hasta la aceptación pasando por la rebeldía en la que muchas veces se culpa al propio difunto y la tristeza que genera la conciencia de no volver a verlo. Una mirada a estas etapas permite ir comprendiendo el estado del propio mundo interior y su evolución paulatina de cara a la reconciliación.

Tercera sesión: visión cristiana de la pérdida

En esta sesión se presenta lo que la fe cristiana enseña sobre la muerte. La esperanza más allá de la muerte sólo puede estar sustentada en una comprensión madura del hecho de que somos mortales y que nuestra vida en esta tierra es un paso a una mejor vida que Dios nos tiene preparada. Nada de esto borra el dolor real y la angustia ante la pérdida pero, al darle sentido ayuda mucho a la recuperación de una serie de aspectos que entran en cuestión. De otro lado el planteamiento que la vida cristiana hace sobre la muerte es de tal sensatez que coincide con la sabiduría universal en el conocimiento de la persona humana y sus límites.


 
 
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