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CAM en Arequipa: Al servicio de la vida
 

(Recopilado del Artículo de Cristina Reymer, el texto completo será publicado en el segundo número del Boletín de Doctrina Social de la Iglesia 2010)

Al CAM en Arequipa acuden con embarazos inesperados mujeres de toda edad, nivel de educación, raza, religión... tanto casadas como convivientes o solteras que aún viven con sus padres... La mayoría de ellas oscila entre los 16 y 25 años de edad.

La madre en crisis es acertadamente captada por el CAM, ofreciéndole ayuda en lo que más la afecta: la soledad, la confusión y el miedo. En el lugar donde ella, en la mayoría de los casos por ignorancia y desesperación, vino en  búsqueda de una solución rápida e irreversible, encuentra un ambiente de calidad y calidez humana, confianza y comprensión. Allí va a descubrir alternativas reales y viables además de esperanzadoras a su problema, los cuales incluyen definitivamente respetar la vida del hijo que lleva en su vientre y cuidar su integridad física y psicológica.

La atención en todos los CAM es totalmente gratuita, discreta y confidencial. Generalmente se cuenta con personas voluntarias, profesionales en salud u otros afines, así como especialistas en orientación, todos ellos capacitados debidamente y con la disponibilidad necesaria para poder cubrir los horarios de atención en el CAM al servicio de la vida y de la mujer. Las llamadas telefónicas y mensajes por vía electrónica se atienden las 24 horas del día. Las atenciones personales son en horas de oficina con horario corrido. Por medio de una conversación amena y sincera, de mujer a mujer, se brinda oportunamente la información y orientación acerca la problemática real y la tragedia que encierra el aborto, las consecuencias para la madre y el doloroso final o fatal destino del hijo. Los testimonios no mienten: la madre no desea abortar cuando se siente escuchada, comprendida y apoyada. Es más, no puede ir en contra de la naturaleza que la lleva al deseo de culminar su maternidad, no quiere otra cosa que defender a su hijo recién concebido y verlo nacer para cuidarlo y amarlo. Las cifras lo confirman: casi el 90% de las mujeres que llegan al CAM desisten al aborto y aceptan a sus hijos.

En el momento de la valiente toma de conciencia y la decidida posición pro vida, se le ofrece soluciones, apoyo y ayuda de diferente índole según la necesidad manifestada y los recursos disponibles para resguardar la integridad física y emocional de ambos, madre e hijo. La preocupación por las mamás embarazadas y el amor a la vida, lleva a buscar los medios para darles la mayor tranquilidad y comodidad durante su estado pre-y post-natal. La ayuda varía y puede ser del propio CAM o se deriva a otras instituciones —privadas y públicas— u organizaciones y personas colaboradoras. Normalmente consta de asistencia médica especializada, orientación en paternidad responsable, acompañamiento espiritual, asistencia legal, asistencia psicológica, albergue, canasta familiar, bolsa de trabajo, ropa para la madre y el bebé, ayuda y compañía a la hora del parto, en caso de enfermedad y también gestión para asistencia social, formación integral por medio de charlas y talleres grupales, etc.

El objetivo último, para completar la labor en el CAM, es crear en las madres y en su familia el entusiasmo, respeto y amor por la vida. El haber comprendido el valor intrínseco del niño recién concebido y haber salvado la vida de un hijo, les invita concretamente a actuar y promover la cultura de la vida. Cierto es que muchas de las madres del CAM ejercen desde ya una influencia muy positiva sobre su entorno directo: con su vida llevan mensajes alentadores y optimistas. Incluso hay entre ellas mujeres que optan por un voluntariado pro vida: beneficiarias de los servicios del CAM y agradecidas por ello, piden oportunidades para tomar acción en favor de la vida, como efecto multiplicador, dando su testimonio personal y salvando más vidas de niños por nacer.

La característica fundamental del CAM es su total gratuidad. Por ello existe la necesidad de contar con fondos que garantizan calidad y permanencia. Felizmente los CAM normalmente representan la proyección social de instituciones católicas tales como el Obispado, la parroquia, una congregación o asociación religiosa, una universidad católica —como es el caso de la Universidad Católica San Pablo con el CAM de Arequipa—, etc., que destinan una parte de su presupuesto para hacer funcionar estos Centros de Ayuda para la Mujer. Aún así, la experiencia es que lo económico muchas veces es un limitante para ampliar la ayuda, por lo cual las donaciones en efectivo o especies son indispensables. Para ello se organiza campañas de sensibilización dirigidas a personas amigas, movimientos juveniles, empresas o fundaciones privadas, con resultados sorprendentes de identificación y compromiso pro-vida.