| La caridad y la verdad en Benedicto XVI (I) |
La caridad y la verdad en Benedicto XVI (I)Realista, esperanzadora y muy espiritual. Así califico la tercera encíclica de Benedicto XVI Caritas in veritate , publicada el pasado 7 de julio. Un documento esperado, ya que hace 18 años no se publicaba una encíclica social (la última fue la Centesimus Annus, de Juan Pablo II). En ella el Papa retoma y actualiza el mensaje central de la encíclica Populorum Progressio , de Pablo VI (1967), que se refiere al desarrollo de los pueblos, y reitera cómo las causas del subdesarrollo no son puramente materiales sino sobre todo sociales y espirituales. Al leer la Caritas in veritate me llamaron la atención tres características: la primera, cómo el Papa logra mantener la línea de reflexión de las encíclicas sociales, iniciada hace casi 120 años con la Rerum Novarum, de León XIII, y a la vez actualizarla con los nuevos desafíos del mundo de hoy (globalización, libertad religiosa, crisis económica, defensa de la vida, entre otros). El Papa analiza cómo el mundo ya no está dividido en dos bloques -este y oeste- sino que presenta nuevas brechas debido a una mentalidad tecnologista y relativista. Habla de cómo las nuevas tecnologías traen un doble impacto: positivo por las nuevas formas de comunicación y negativo porque genera así una nueva brecha social. Una segunda característica creo que es la unión estrecha con sus dos encíclicas anteriores: Deus Caritas est, donde define el verdadero significado del amor en sus muchas dimensiones y la manera como debe hacerse concreto en la ayuda al prójimo, y con la Spe Salvi, donde exhorta a vivir la esperanza y a no basarla únicamente en las organizaciones terrenales. En esta invita a mirar los momentos de sufrimiento con visión de eternidad. El Papa aplica en Caritas in Veritate estos conceptos en temas como la economía -refiriéndose también a la crisis actual- a la libertad religiosa y el desarrollo. Por último, Benedicto XVI subraya de manera profunda y sencilla cómo Dios no es para nada ajeno a la vida práctica y a las necesidades temporales de los hombres. Habla en cambio de cómo una apertura a lo trascendente es un elemento indispensable para que exista la justicia social, afirmando que la interioridad del hombre no está sólo relacionada con la psique sino con el ser espiritual en cuanto a ser creado a imagen y semejanza de Dios y cómo las grandes rupturas sociales tienen siempre su cimiento en el corazón fracturado del hombre. Una encíclica que vale la pena leerla y aplicarla. No sólo por el mundo católico sino por la sociedad en general, especialmente por quienes trabajan en el mundo de la economía, la política y el sector social. Con principios claros de equidad y dignidad humanas, con una invitación a la vivencia de una caridad que debe estar basada en la verdad, porque de lo contrario se reduciría a "la estrechez de una emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales, así como de un fideísmo que mutila su horizonte humano y universal", dice el Papa. |
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