| "Se le rompió el corazón" |
"Se le rompió el corazón"Lo que sigue es una especie de "apropiación" de un hermoso comentario del Papa Benedicto XVI sobre la parábola del buen samaritano en su libro "Jesús de Nazaret". Si sirve para que el lector lea el libro habrá largamente superado su cometido. El contexto de la parábola es una conversación con un fariseo. Como es sabido, los fariseos eran hombres que sabían mucho de Escritura. Este en particular parece querer examinar a este joven rabino que ha alcanzado tanta popularidad. Su pregunta tiene algo de inquisición, y aunque no tenemos elementos para juzgar sus intenciones, es más o menos claro que pregunta si las bases de la predicación de Cristo son las mismas que las suyas: - ¿Cuál es el mandamiento más importante? es como si quisiera saber si él y el joven maestro de Nazaret están en la misma sintonía en su comprensión de la Ley. La respuesta del Señor es exactamente la que daría un judío observante como él: - Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo el fariseo deja de lado la primera parte que le queda clarísima y se queda con la segunda: - Y ¿Quién es mi prójimo? aunque la respuesta nos parece obvia hoy, no lo era en el contexto de este interrogatorio. Para el judío, el prójimo era básicamente otro judío, un con-nacional, entendiendo toda la carga que tiene la pertenencia al Pueblo de Dios. El extranjero no era ciertamente un prójimo. Tiene lógica, por definición el extranjero es por lo menos "menos próximo". Es lo que le pasa a un peruano cuando encuentra otro peruano en otro país: lo siente prójimo aunque le caiga mal, los demás son extranjeros. Jesús no entra a discutir definiciones. No se pone en plan de diccionario: "prójimo: dícese del otro, próximo, amigo, persona cercana". No. Hace lo que sólo un Maestro puede hacer: cuenta una historia para que el discípulo saque la conclusión. Conocemos la historia. Un hombre es asaltado, despojado y tirado al borde del camino. Pasan un Levita, un Escriba y un Sacerdote (todos gente conocida, "prójimos" del fariseo), todos dan un rodeo y siguen de largo. Detengámonos un poco aquí para tratar de arañar la inmensidad, precisión y sobre todo la ternura de la enseñanza. Los tres son hombres que saben de su religión, probablemente los tres se habrán preguntado si les corresponde ayudar a este hombre tirado al borde del camino. Como está desnudo no se puede saber si es un prójimo. La decisión es lógica, la Ley no me manda ayudarlo. Jesús no acusa a ninguno de los tres, sólo narra. Con esto ha dado cuenta de la pregunta del fariseo. Él quería una "clasificación de prójimos". El Maestro le dice que no tiene sentido. Pasa un samaritano. Y aquí viene la interpretación de Ratzinger que me ha quedado como una cordial herida que cito de memoria porque no tengo el libro a la mano: "El samaritano no se preguntó que debía hacer, no pensó ni en la Ley, ni si se lo mandaba Dios, le ocurrió algo muy diverso: se le rompió el corazón". Lo curó, le puso aceite en la heridas ya resecas, lo dejó en la posada y prometió al posadero pagar a su regreso lo que este hombre gastara. Los Padres de la Iglesia ven aquí una alegoría del mismo Cristo en su relación con nosotros. El hombre herido, despojado y arrojado al borde del camino es Adán, es todo hombre, somos tú, yo y el mismo fariseo con el que Jesús conversa. El samaritano es el mismo Señor que lo cura, lo cuida y que volverá a terminar su obra. Volvamos a la conversación. Jesús le pregunta al fariseo: -¿Cuál de estos hombres actuó como prójimo del hombre herido? Yo imagino una larga mudez en este fariseo antes de contestar. Va buscando una respuesta justa que lo deje bien pero hay aquí un conocimiento macizo que su inteligencia, acostumbrada a las sutilezas pero honesta a pesar de todo, no puede esquivar. Algún cálculo que no le sale. No le queda más que admitir: -El que tuvo misericordia con él... Un detalle de la prudencia de Jesús, pasa por alto que el fariseo no diga "samaritano", que es un resabio de lo que está detrás de la pregunta inicial del fariseo. No se puede todo en una sola clase. Y por eso salta a lo esencial, a la conclusión, al "ergo", al "lqqd", al "here you are": -Ve tú y haz lo mismo Con esto ha situado con honda bondad a su interlocutor en un plano mucho más alto que su pregunta. Debes ir más allá, debes dejar que se te rompa el corazón. Así verás que todos son tus prójimos y sobre todo que tú eres el prójimo de todos. No pienses tanto en quién es tu prójimo como en ser tú, prójimo para los demás. Que es en definitiva lo que Él mismo hace. Y yo que hago este comentario tosco de un comentario mucho más inteligente me quedo con este infinito y tierno consuelo: a Él se le rompe el corazón por mí que soy pecador. Y por eso le pido que me convierta en un samaritano como Él. |