Una mirada al Perú actual
¿Qué le ocurre al Perú? ¿Qué nos sucede como país? Es una pregunta que se nos presenta con frecuencia y que no encuentra una fácil respuesta. Es un lugar común decir que estamos atravesando una profunda crisis -ya bastante prolongada-. Como ha sido advertido, una crisis no conduce necesariamente a un desenlace negativo y puede propiciar el crecimiento y la madurez -pues depende de qué manera se enfrenta-, sin embargo, es también claro que el proceso de crisis es siempre experimentado con visos negativos.
La larga existencia de situaciones de pobreza en nuestro país así como el creciente proceso emigratorio -al que habría que añadir el deseo de tantísimos peruanos de abandonar el país si tuviesen ocasión de hacerlo- son solamente dos graves señales de la profunda crisis que vivimos. Para avanzar -no sin tensión y esfuerzo- hacia una resolución positiva de la crisis, es imprescindible atravesar por un proceso de autoconciencia y de discernimiento. Esto es especialmente relevante pues uno de los rasgos de toda crisis es la confusión y perplejidad que genera, con su secuela de desaliento, tanto en el nivel personal como en el colectivo.
La Identidad Cultural
Para encontrar algo de claridad se hace imprescindible volver ante todo a la cuestión de la propia identidad cultural. Así como es válida la afirmación «quien no sabe “quién es” no sabe “qué debe hacer”» para nuestra existencia personal, lo es también -de modo análogo- para nuestra existencia colectiva. De la confusión y alienación no puede sino seguirse disgregación, en diversos niveles.
La pregunta acerca de nuestro ser ha de preceder y acompañar nuestro despliegue histórico, si queremos que este sea coherente con aquel.
No se trata de plantear el Perú, desde una perspectiva estática y determinista, como una “sustancia ontológica” o como “entelequia”, sino de afirmar los rasgos fundamentales de nuestra memoria colectiva, sustentada en una trayectoria histórica concreta con su camino de búsqueda y de encuentro del sentido de la existencia humana y de nuestra propia identidad e historia. Se trata, en consecuencia, de una perspectiva capaz de armonizar dos dinamismos, de un lado, la fidelidad a nuestra identidad, tal como se ha ido desarrollando en nuestro pasado, es decir, la continuidad con los elementos que constituyen nuestro patrimonio cultural y, de otro lado, la renovación, el crecimiento, el desarrollo. Un equilibrio entre ambos dinamismos es fundamental para la “salud” de un pueblo. Se trata de una perspectiva que busca lo propio de nuestra identidad peruana teniendo en cuenta sus raíces históricas y que valora las posibilidades de desarrollo en cada momento específico. Hablamos de una armonía y de un equilibrio en los que permanezcamos siempre abiertos a lo nuevo y a lo difícilmente predecible, pero no por lo que tiene de novedad, sino de enriquecimiento al auténtico desarrollo integral del país. (...)
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Editorial de Persona y Cultura, n. 4, año 4, p. 6-17.
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