Título: Relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado Peruano Autor: Juan José Ruda, Fernando Valle Rondón et al. Editorial: Universidad Católica San Pablo, Arequipa 2007, 150 páginas.
Los trabajos presentados aquí son el resultado del Congreso sobre “Relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado Peruano” organizado por la Universidad Católica San Pablo del 20 al 22 de noviembre de 2006 en su sede en Arequipa. Como se puede percibir por la especialización de sus expositores, el evento tuvo un claro enfoque histórico-jurídico y constituye un esfuerzo por dar a conocer importantes contribuciones y novedosos enfoques sobre el tema en el actual debate académico, preocupado por cuestiones como la condición jurídica de la Iglesia Católica en el Perú, la igualdad legal de credos, los alcances del Concordato, la naturaleza del Patronato, el proceso de secularización institucional iniciado en el siglo XIX y la correspondiente reacción de la Iglesia, o, finalmente, el laicismo ideológico y su impacto en las relaciones entre el Estado y la Iglesia hoy.
En razón del carácter histórico-jurídico del congreso, Juan José Ruda Santolaria, Director del Instituto de Estudios Internacionales (IDEI) de la Pontificia Universidad Católica del Perú, abrió el congreso con una clara y sintética exposición sobre la actuación internacional de la Santa Sede, que puso de manifiesto la singularidad de la condición jurídica de la Iglesia Católica como sujeto de derecho internacional, su tradición diplomática y de arbitraje internacional, el histórico y amplio reconocimiento internacional que posee —inclusive en el largo periodo en que fue privada de territorio— y las peculiaridades del Estado Vaticano, temas todos de imprescindible conocimiento para posibilitar un debate sobre el problema Iglesia-Estado en el país. Tales consideraciones resultan impostergables cuando se pregunta sobre la condición jurídica de la Iglesia Católica en el Perú, los derechos y deberes que devienen de dicho status jurídico, el carácter internacional del Concordato o la fundamental diferencia legal respecto de otras confesiones religiosas.
Gonzalo Flores Santana, especialista en Derecho Eclesiástico y miembro del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa, ofrece aquí su ponencia Principios y criterios para una recta aplicación del Acuerdo Internacional entre la Santa Sede y la República del Perú. Su especialización en el contenido y aplicación del Concordato y su amplia experiencia en la asesoría legal de instituciones vinculadas a la Iglesia Católica le permiten explicar que los términos de cooperación del Acuerdo Internacional entre la Santa Sede y el Estado Peruano presuponen la autonomía legítima entre ambas instituciones y la voluntad de cooperación para el bien de toda la sociedad. De este modo, el Acuerdo permite que la Iglesia Católica desarrolle con normalidad sus funciones pastorales y humanitarias, siendo el Estado cooperante para que esa acción sea más eficaz con beneficios o exenciones que contribuyen activamente al logro de fines sociales que son, en última instancia, responsabilidad del propio Estado.
Desde una perspectiva histórica desde la cual se entiende la lógica de la institucionalidad jurídica pertinente a la relación Iglesia-Estado, diversos especialistas abordaron el tema desde un enfoque más explícitamente histórico. Fernando Valle Rondón, en Iglesia y Estado en Hispanoamérica: consideraciones historiográficas y culturales desde el caso del Perú, busca profundizar en la estructura Iglesia-Estado en el mundo hispanoamericano, abordando el tema del Patronato y explicando su génesis, su contexto, su uso regalista y su reinterpretación republicana. Lo que se propone allí es que la voluntad de hegemonía sobre lo político, intrínseca a la estructura del Estado moderno, explica los problemas surgidos entre la Iglesia y el Estado durante los siglos XIX y XX en Hispanoamérica. Para ello, se establece una comparación entre el “Estado” monárquico plural del Antiguo Régimen y el Estado moderno de carácter políticamente monista que se implementó en todos los países latinoamericanos.
Ernesto Rojas Ingunza, experto en los problemas estatal-eclesiásticos de la Independencia y de los inicios republicanos, trata con precisión y amplitud Los primeros diez años de las relaciones Iglesia-Estado en el Perú Republicano y explica la doble lógica con la que se desentendieron ambas instituciones en los primeros años de la República Peruana: la lógica liberal de los protagonistas republicanos y la lógica del Antiguo Régimen a partir de la cual la Iglesia buscaba defender sus tradicionales derechos y prerrogativas, clave de lectura para comprender algunos problemas de difícil comprensión hodierna en la Historia de la Iglesia.
Contexto histórico jurídico de las relaciones Iglesia Católica-Estado Peruano entre 1960 y 1980 es el tema desarrollado por Mario Rommel Arce, autor de diversos trabajos de investigación jurídica, que tiene la virtud de explicar sintéticamente el marco democrático en el que se elaboró, discutió y aprobó el Concordato, así como el contexto eclesial de legítima autonomía entre la Iglesia y el Estado promovida por el Concilio Vaticano II.
Finalmente, Iván Garzón Vallejo, profesor-investigador de la Universidad Católica San Pablo y especialista en Ciencias Políticas, explica el tema del laicismo en las relaciones Iglesia-Estado en la actualidad. Su ponencia, Laicidad y laicismo político en la relación hodierna entre el Estado y la Iglesia, tiene la virtud de explicar las premisas de esta corriente ideológica que –a diferencia de la recta autonomía y respeto entre la esfera política y la eclesiástica– presupone una relación conflictiva entre ambas instituciones y la adopción de medidas que, al fin y al cabo, terminan oponiéndose a la libertad religiosa de la persona.
En el Perú es incuestionable que la Iglesia Católica tiene un papel fundamental en la vida nacional, un singular lugar en la formación cultural, religiosa y moral, como lo reconoce la propia Constitución, y una función valiosísima en su amplia, permanente y ardua labor solidaria a favor de los más necesitados. Las relaciones entre el Estado Peruano y la Iglesia Católica aparecen ciertamente como materia indispensable de reflexión y profundización especializada. Los trabajos compendiados aquí buscan explicar mejor una relación que aparece como compleja, sea por su lógica jurídica o por sus particularidades históricas, y pretenden, en orden a una mejor intelección del problema, no descartar a priori ni la lógica de la acción de la Iglesia ni lo fundamental de esta simbiosis: la dimensión de la cooperación. Ésta parece ser su núcleo sustancial y lo que permite sacar los mejores frutos de la relación Iglesia-Estado, evitando innecesarias visiones conflictivas, pues, como afirma el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia «ambas [instituciones] aunque a título diverso, están al servicio de la vocación personal y social de los mismos hombres».
(Adaptado de la presentación del libro a cargo de Fernando Valle Rondón)
Título: De la conquista a la globalización. Estados, naciones y nacionalismo en América Latina. Autor: Luis Esteban González Manrique. Editorial: Madrid. Política Exterior, Biblioteca Nueva, 2007, 525 págs.
Sin duda una mirada actual a América Latina conectada con su pasado remoto y reciente, constituye un esfuerzo hermenéutico muy importante para intentar trazar las líneas vitales más importantes que dibujan su rostro en vísperas de cumplirse la primera década del siglo XXI. Así, sin pretensiones académicas, con un estilo ágil, accesible y con afanes integradores, el periodista González Manrique nos invita a hacer un recorrido o, si se quiere, una “peregrinación” por las principales etapas históricas de nuestros pueblos hasta llegar al presente. Como el mismo autor señala, se trata de un esfuerzo por superar aproximaciones cientificistas y estructuralistas de la historia para dejar espacio a la subjetividad y al protagonismo del sujeto.
En ese sentido, resulta valioso el esfuerzo del autor por integrar, desde un enfoque interdisciplinario, el diagnóstico de la realidad latinoamericana desde la perspectiva histórica, antropológica, sociológica, política, económica y cultural, lo cual ciertamente nos ofrece un panorama a la vez amplio y profundo de la realidad latinoamericana, y guardando una coherencia interna que ciertas corrientes desintegradoras vienen negando. Así, la prolijidad de datos presentados por González Manrique permiten un análisis muy detallado de periodos tan complejos como los de los nacionalismos marxistas-leninistas, los nacionalismos populistas (encarnados en el getulismo y peronismo), la izquierda nacionalista (cardenismo, aprismo, el nacionalismo revolucionario boliviano, el populismo civilista de Colombia y Venezuela), el socialismo nacionalista y la revolución cubana, el fenómeno de la Democracia Cristiana como propuesta social iluminada por la Doctrina Social de la Iglesia, el neopopulismo en el contexto de la teoría de la dependencia; y finalmente, el retorno a un capitalismo remozado por los presupuestos neoliberales de Hayek cuyos héroes indiscutibles son Paz Estenssoro y Sánchez de Lozada en Bolivia, Menem y de la Rúa en Argentina, Salinas, Zedillo y Fox en México, Peréz y Caldera en Venezuela, Fujimori y Toledo en Perú, Collor y Cardoso en Brasil. El recorrido continúa con la constatación de los magros resultados económicos y sociales obtenidos por la aplicación del Consenso de Washington que impulsaban organismos supranacionales como el FMI o el BM, lo cual sería una de las causales que habrían definido el viraje hacia una Nueva Izquierda, ahora, aligerada de su carga clasista pero igualmente conflictiva con nuevos ropajes diseñados al estilo de democracia, ecología y derechos humanos. En este contexto, surge el llamado fenómeno de Hugo Chávez en Venezuela, Néstor Kirchner en Argentina, Lula da Silva en Brasil, Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, y Ortega en Nicaragua. Destaca en este análisis, una comprensión profunda de estas transiciones, resaltando en su dinámica, no sólo reivindicaciones políticas y económicas sino también identitarias, en el marco del fenómeno globalizante y la persistencia de la exclusión, marginación, pobreza y desigualdad en la región, que limitan aún más el legítimo acceso a los beneficios simbólicos y materiales que el Estado debería proveer a sus ciudadanos. En esa línea, resulta sumamente conveniente que González Manrique introduzca en la discusión los temas del multiculturalismo y el plurinacionalismo para comprender adecuadamente los fenómenos sociales de la región ya que el surgimiento de estos movimientos identitarios de corte etno-nacionalistas responden a factores históricos y culturales que no se puede soslayar y que resulta imprescindibles de abordar. Este es, sin duda, otro mérito de la obra.
Sin embargo, es preciso señalar que en el desarrollo y la conexión con el análisis histórico de la formación de los Estados Nación latinoamericanos se hace extrañar una hermenéutica que resalte con más claridad la subjetividad y los aspectos más sustanciales de la cultura y la sociedad latinoamericana. Así, en el análisis tanto el periodo incaico, la conquista y el virreinato, e incluso la época republicana, no puede soslayarse que al lado de factores políticos y económicos, existieron –como decía Víctor Andrés Belaúnde- factores, estéticos y espirituales que definitivamente proponen un panorama más vital y real de los hechos. Como bien señala Belaúnde “juzgar la Conquista como una simple empresa económica es sólo concebible dentro de la menguada concepción materialista de la historia. Considerarla como una simple transformación política, sería revivir el criterio empírico de los narradores sin visión filosófica y estética de los acontecimientos. La conquista es un hecho de la más profunda complejidad humana. Hay que contemplarla desde muchos puntos de vista” (“Peruanidad”: 1965).
Sin duda las aproximaciones ideológicas y reductivas al proceso histórico de la formación de los Estados Nación de nuestra región son incapaces de contener en toda su complejidad las transformaciones culturales de la época precolombina, el virreinato y la república. En mi opinión, sólo desde estas perspectivas es que se puede presentar al Estado virreinal como depredador, vicioso de poder y unido a una suerte de apartheid racista, prácticamente obligado a un genocidio etno-racial, y además como fuente de los grandes problemas de desigualdad y exclusión que padecemos en la actualidad.
Junto con pensadores como José de la Riva Agüero, Jorge Basadre, José Vallanos, Emilio Romero, Pedro Morandé, César Pacheco Vélez, José Antonio del Busto, Víctor Andrés Belaúnde y otros creemos que es posible afirmar que acabado el virreinato y la gesta independentista, surgen diversas nacionalidades, distintas en intensidad y vitalidad, pero a la vez, tributarias de una misma matriz cultural. Este germinal estado de las nacientes nacionalidades, esperaba su despliegue y realización durante la época republicana, sin embargo, la adopción, tan entusiasta como acrítica, de los presupuestos racionalistas ilustrados por parte de las élites latinoamericanas, lleva a una negación y desvalorización de la propia cultura, llevando –en el extremo del paroxismo– a identificar la raza indígena y su mezcla, como el principal problema al progreso de los pueblos. Hoy es sabido y reconocido, que la situación del indígena y mestizo decayó notablemente; estos, despojados de sus tierras y vínculos comunitarios y religiosos, fueron obligados a renegar de su herencia cultural para adscribir una forma de ciudadanía que resultó ser una de tercera o cuarta categoría. Así, el Estado republicano, pese a destacados esfuerzos muy puntuales, abandonó a su verdadera nación, provocando con ello una dualidad entre el mundo blanco y citadino, receptor de sus beneficios materiales y simbólicos, y el mundo indígena, mestizo y andino, relegado y obligado a mendigar los derechos de ciudadanía. En opinión de Morandé, en la constante negación de la realidad cultural latinoamericana se encuentran los fracasos de las propuestas progresistas y desarrollistas que pretendían imponer un modelo cultural ajeno a ella. En este proceso, tal vez se puede rastrear convincentes pistas para la exclusión y desigualdad que aquejan a nuestras sociedades.
Lamentablemente, el trabajo de G. Manrique, no repara adecuadamente en estas consideraciones y se suma a toda la retahíla de argumentos ideológicos respecto al proceso nacional de esta parte del continente. Ello creemos, condicionará inevitablemente todo el análisis posterior que, pese el notable esfuerzo para –en medio de una vastedad de datos e información– dilucidar las principales tendencias socio-culturales de nuestra región, termina ensayando un diagnóstico demasiado simple y superficial de nuestra realidad.
Alejandro Estenós
Título: Iglesia y Peruanidad.
Una lectura desde Víctor Andrés Belaúnde Autor: Carlos Neuenschwander Sahurie Editorial: Universidad Católica San Pablo, Arequipa 2005
Sin duda alguna, nuestra tierra, el Perú, alberga en su seno profundas contradicciones y conflictos culturales que aún hoy, después de casi dos siglos de vida republicana, no han podido resolverse. Ya desde finales del siglo XIX, se venía ensayado infinidad de lecturas que pretendían evidenciar la complejidad del problema así como posibles derroteros de solución. En la mayoría de ellas, ha primado en sus análisis, postulados epistemológicos permeados de un positivismo racionalista, que lejos de aportar elementos significativos para su comprensión, han generado lecturas reductivas, superficiales y conflictivas del problema. Aún hoy, en que surgen corrientes ideológicas que, pretendiendo superar las limitaciones del racionalismo ilustrado, niegan la posibilidad misma de la cultura peruana, seguimos en el mismo plano epidérmico y simplista con el que se ha abordado dicho problema.
En este contexto resulta muy meritorio el trabajo de “Iglesia y Peruanidad”, del historiador eclesiástico Carlos Neuenschwander Sahurie, el cual trae al debate actual, el pensamiento de uno de los más grandes intelectuales peruanos que ha realizado aportes significativos para la comprensión de la cultura y la nación peruana: Víctor Andrés Belaúnde. Este ilustre maestro arequipeño desarrolla una interesante propuesta que pretende abordar en toda su profundidad y complejidad el fenómeno cultural peruano, el cual estaría sellado indefectiblemente por la matriz cultural cristiana, específicamente, Católica. Para tal propósito, Neuenschwander destaca la riqueza analítica del maestro que nos propone la necesidad de una fundamentación teológico-metafísica de la cultura, y sólo desde ella, ponderar y valorar adecuadamente su despliegue histórico.
Paralelamente, el trabajo de Neuenschwander, nos sugiere recorrer el itinerario existencial y espiritual de Belaúnde, como una clave de lectura que nos permita comprender a cabalidad las dimensiones de su pensamiento. Así, descubrimos que se trata de un auténtico buscador de la Verdad, lo cual lo lleva a completar un círculo vital, que parte desde su novel formación católica, pasando por el positivismo y el idealismo, para retornar nuevamente, con el ardor de una segunda conversión, al seno del catolicismo. Desde esa profunda experiencia existencial, desarrollará un vasto pensamiento que alcanzará su madurez con la obra Peruanidad publicada por primera vez en 1943. En ella, destaca el papel preponderante que tuvo la Iglesia Católica en la formación de la identidad cultural peruana, y como corolario, en la formación de la conciencia nacional. Sin falsos respetos o modestias, Belaúnde propone un recorrido objetivo por las diferentes etapas de la historia del Perú, para rastrear con claridad, el papel fundamental de los valores cristianos en la formación de nuestra cultura nacional. Ésta, será entendida como una síntesis viviente, en la cual los elementos amerindios e hispánicos se integran de tal modo que surge una nueva cultura de indudable impronta Católica.
Se trata, sin lugar a dudas, de un excelente trabajo de m ás de 130 páginas, el cual que aporta significativas luces, tanto para la comprensión como las propuestas de solución, de un problema que nos incumbe a todos los peruanos.
Alejandro Estenós
Título: La fe y la cultura en el pensamiento católico latinoamericano Autor: Alfredo García Quesada Editorial: Universidad Católica San Pablo, Arequipa 2007
Los cinco trabajos compendiados en esta publicación abordan la cuestión de la relación fe-cultura en los principales pensadores católicos latinoamericanos de comienzos del siglo XX, la manera como diversos autores católicos actuales han enfrentado el desafío del hiato entre fe y cultura en el panorama pos-moderno del relativismo y del multiculturalismo y, finalmente, el modo como la propia Iglesia, a través de su Magisterio, se comprende a sí misma y entiende su misión en el contexto de la evangelización de la cultura. Temas todos muy cercanos a Alfredo García Quesada, Doctor en Filosofía, Consultor del Pontificio Consejo de la Cultura, y Director del Centro de Investigaciones de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, quien ha venido trabajando desde hace muchos años en la relación entre persona humana, cultura y fe, coordenadas consideradas clave por el reciente Magisterio de la Iglesia para comprender el drama existencial del mundo hodierno y la evangelización de la cultura.
En el capítulo La fe y la cultura en pensadores católicos latinoamericanos de inicios del siglo XX, presenta los aportes que en relación al tema ofrecen diversos autores, como el argentino Octavio Derisi, el brasileño Alceu Amoroso Lima, el chileno Jaime Eyzaguirre, el peruano Víctor Andrés Belaúnde y el mexicano Efraín González Luna. García presenta algunos rasgos del enfoque filosófico-teológico común a estos humanistas latinoamericanos, buena parte de ellos influidos por una perspectiva tomista. Así, por ejemplo, Derisi identifica la idea de cultura con un humanismo concebido como “desarrollo del hombre en orden a su perfección humana”, antropocentrismo que lejos de estar reñido con el cristianismo “sólo puede realizarse como cristiano”, análogamente a la relación naturaleza-gracia. “Humanismo sí, pero teocéntrico. La sociedad para el hombre y el hombre para Dios”, afirma Amoroso Lima.
Las reflexiones filosófico-teológicas de estos autores están acompañadas por interesantes interpretaciones históricas. Derisi sostiene que a medida que Europa pierde su savia humanista, América tiene un papel decisivo en la “conservación y reconquista del espíritu de Europa”. El historiador chileno Jaime Eyzaguirre critica el olvido y denigración de la influencia hispánica en América, identifica diferencias clave en los procesos de conquista y colonización español e inglés, y contrapone el carácter épico y caballeresco del conquistador español con el espíritu práctico y utilitario anglosajón, proponiendo así una recuperación del “alma” de la cultura latinoamericana a través de su reevangelización. Amoroso Lima establece un paralelo entre el sentido épico del carácter español y el fondo lírico y sentimental lusitano, sin dejar de afirmar el valor universalizante del cristianismo plasmado en la cultura de América. El peruano Víctor Andrés Belaúnde prefiere hablar de la cultura hispanoamericana como una “síntesis viviente”, en donde lo europeo se une vitalmente a lo americano autóctono constituyendo una nueva realidad cultural mestiza donde la savia católica es el sustrato que permite la fusión de las culturas y su permanente renovación histórica. En franca sintonía, el mexicano González Luna enfatiza que el carácter mestizo de su cultura “no es un sincretismo pasajero, sino viviente unidad que debe al cristianismo el ser”.
Netamente filosófico, el capítulo La idea de cultura en el pensamiento católico latinoamericano a fines del siglo XX constituye una excelente presentación sintética del contexto multisémico o polisémico del término “cultura” y su influjo en los pensadores católicos contemporáneos. Algunas de estas concepciones, procedentes de matrices hermenéuticas llamadas genéricamente “posmodernas”, están en franco conflicto con una filosofía del ser, de corte realista, y otras acaban suprimiendo a la persona humana como sujeto de la cultura. García expone de manera sintética el influjo del pensamiento postmoderno que niega todo fundamento común en las culturas para sustituirlo, en el fondo, por un “cripto-fundamento” que acaba por “ontologizar” la idea de diferencia y de pluralidad, explicando aproximaciones como la exterioridad o alteridad sin sustento metafísico o la intersubjetividad, derivada del viraje lingüístico. Describe también concepciones de cultura que por influencias hegelianas se presentan como estructuras sistémicas deterministas, útiles para algunas interpretaciones marxistas de la fe.
El autor sostiene que la cultura, concebida como “cultivo” del hombre, constituye la condición del diálogo entre pluralidad cultural y fe. A manera de propuesta, el autor parece asumir una perspectiva de síntesis, a partir de un antropocentrismo teologal, que coloca a la cultura en su verdadera dimensión evitando sociocentrismos, individualismos, ontologismos, visiones conflictuales o culturalismos. Dichas visiones secularizadas han afectado no pocas veces a sectores de la propia Iglesia que desde tales categorías desarrollan propuestas de supuesta evangelización.
El dinamismo intercultural y el diálogo entre la Iglesia y las culturas en América Latina aborda el polémico tema de la pluralidad de las culturas y la unidad de la fe de la Iglesia, mientras que los trabajos titulados Antropología e Historia: la autocomprensión de la Iglesia en América Latina sobre su peregrinaje a partir de Vaticano II y La noción de cultura en el horizonte evangelizador: proyección del Magisterio Pontificio a través de Puebla y Santo Domingo ante el umbral de Aparecida constituyen una lectura histórica del pensamiento católico latinoamericano desde su autocomprensión y su relación con el Concilio Vaticano II, el reciente Magisterio Pontificio y el Magisterio Latinoamericano. En dicha lectura histórica, se asume una perspectiva de síntesis que se apoya en una concepción de la cultura que tiene como centro y sujeto al hombre como tal. En esta perspectiva, la cultura se entiende como cultivo del hombre, tanto en su dimensión transitiva como en su dimensión intransitiva. La perspectiva de síntesis también se observa al considerar el doble aspecto de la cultura entendida como dinamismo de humanización y socio-histórico.
Se trata pues de un buen conjunto de ensayos que demuestran que la fe y la cultura constituyen un binomio presente en el pensamiento católico latinoamericano del siglo XX y XXI. Para el autor, esta relación no es extraña si se considera que la cultura exige la iluminación de la fe para que sea plena y verdaderamente humana y, al mismo tiempo, la fe exige plasmarse en las diversas manifestaciones culturales para que sea una fe plenamente pensada, acogida y vivida.